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MÉTODO NO-POO

Buenas topáceos y topáceas:

 

Hoy vengo con una entrada para los más atrevidos, los que prefieren los métodos alternativos y quieren cuidar su cuerpo de manera natural.

El método No-poo, lleva muchos años entre nosotros pero hoy en día esta cogiendo más fuerza que nunca.

Es la manera de lavar el pelo sin utilizar champú ni acondicionador que contienen productos químicos y agresivos para nuestro cuero cabelludo. El método habitual se encarga de eliminar la suciedad de nuestro cabello pero también arrastra los aceites naturales que nuestro cuerpo segrega y que son tan necesarios para hidratar nuestro pelo.

Los champús comerciales contienen sulfatos, lo que nos seca el cabello y nos obliga a utilizar acondicionadores o mascarillas que lo hidraten, aunque son igualmente dañinos. Así que con el método habitual se convierte en un círculo vicioso, ya que el champú nos elimina la grasa natural del cuero cabelludo, con lo que este se vuelve loco y segrega el doble de cantidad de grasa provocando que nuestro pelo parezca sucio.

 

¿En que consiste el método No-poo?

Consiste en abandonar los champús y acondicionadores típicos y usar única y exclusivamente bicarbonato y vinagre.

El bicarbonato sería nuestro nuevo champú, que aplicaremos mezclado con una taza de agua caliente.

Para hacer la mezcla, tenemos que tener en cuenta si nuestro cabello es mas graso o mas seco. Cuanto más seco esté el pelo, menos cantidad de bicarbonato. La medida estándar está entre dos cucharitas de postre o una cucharada sopera.

El vinagre será nuestro nuevo acondicionador, al igual que el bicarbonato, hay que mezclarlo con una taza de agua, en este caso si es fría mejor, el efecto suavizante del vinagre será mas potente.

Al contrario que con nuestro nuevo champú, cuanto más seco tengamos el pelo, más cantidad de vinagre.

Bien, con las mezclas hechas, nos metemos en la ducha y empezamos con el proceso. Nos aplicamos la mezcla del bicarbonato desde el cuero cabelludo hasta las puntas del pelo, masajeando y esparciéndolo bien por toda la cabeza. Aclaramos con agua y pasamos al vinagre.

La forma de aplicar la mezcla del vinagre, es la misma que utilizamos con los acondicionadores comerciales. Dejamos que actúe unos minutos y aclaramos bien con agua.

 

Este método consigue que podamos lavarnos el cabello de una manera mas espaciada en el tiempo, evita el encrespado y hace que nuestro pelo brille, o eso dicen. Si aún así nuestro pelo seco se resiste, siempre tenemos la opción de una vez a la semana aplicarnos la mascarilla de aceite de coco que ya os comentamos en un post anterior. De esta manera todo será natural y muy sano para nuestra cabezota.

 

Este método no es instantáneo, cada cabello tiene un periodo de adaptación y de reajuste, ya que nuestro cuero cabelludo tendrá que expulsar los productos químicos que ha absorbido y equilibrar los aceites naturales que segregamos. Con lo que podemos tardar de una semana a un mes en encontrarnos con nuestro pelo deseado, solo hay que echarle paciencia.

 

No se vosotros, pero yo creo que voy a intentarlo, porque estoy un poco cansada de que las marcas me engañen, me decepcionen y me estafen. Es un método ecológico, económico y si funciona… ¡Perfecto!

¿Alguien se apunta a nuestro reto No-poo? Yo os iré contando los avances peludos que tenga.

 

Abrazos y besitos topáceos.

LONDON FOR EVER

Buenas topáceos y topáceas:

 

Esta vez vengo a contaros mi viaje por London, no tan detalladamente como Roma, ni con tanta cosa cultureta, pero oye, es que yo ya había estado por estos lares y este viaje tenia un color distinto. He ido a visitar a mi hermana, no topácea pero igualmente maravillosa, que lleva más de un año viviendo la aventura de su vida..

Bien, pues allá vamos. ¿Preparados para vivir mi experiencia londinense?

 

Sin tener en cuenta las miles de horas de retraso del vuelo, la lucha de lorzas culeras que tuve que batallar contra mi compañera de asiento por ganar espacio vital y lo vacío que estaba el aeropuerto cuando llegue… todo fue estupendo, porque el momento de abrazar a mi hermana en su nueva tierra, no tiene precio.

Por fin conocí su micro apartamento, que a pesar de ser pequeñito, es igual de caqui que la esencia de la hermana no topácea, porque eso si, ella tiene la capacidad de convertir un agujero infernal en una madriguera estilosa y acogedora, tiene ese don… A ver cuando se pasa por mi nuevo pisito y le da un toque cosmopolita londinense.

Lo primero que hicimos al despertar, como es obvio, es desayunar. Probé las gachas de avena, en serio, nada recomendables, serán muy saludables y blablabla pero es lo más insípido que puedes tomar por las mañanas. Después de una duchita nos fuimos a un local de depilación con hilos, regentado por bangladeses. Toda una experiencia, oye. Merecio la pena estar un tiempo sin hacerme las cejas, porque no veais lo chulas que las dejan. Así que ya reguapas y maqueadas, estábamos listas para patear la ciudad.

 

Primera parada, Andén nueve y tres cuartos en la estación King’s cross…Si señores, soy una gran friki de Potter, con lo que mi primera foto tenía que ser ahí.

Hicimos cola rodeada de niños con sus padres, cosa que me hizo sentir un poco ridícula, pero por fin me puse la bufanda de Grifindor, agarré el carrito cargado de baúles y una jaula de lechuza y… ¡Pataaaata!

En el anden 9 y 3 cuartos

 

Nos dimos una vuelta por la tienda de Potter que han montado al lado, estos ingleses no pierden la oportunidad de hacer negocios. Me encantó total y absolutamente todo lo que vi allí, pero sus precios son petrificus-totalus.

 

Fuimos a comer al “Borough market”, un lugar espectacular para los amantes de la comida como yo. El mercadillo esta semi cubierto, lleno de puestecitos de comida gourmet o cuanto menos, original. Vas paseando y te van dejando probar los productos, quesos franceses, cereales caseros ecológicos, chocolates artesanales del mundo, comida etíope… Total, que terminamos sentadas en unas mesitas, comiendo un par de bocatas de una especie de pato laqueado acompañado con un par de vasos de vino especiado. Esta vez si, delicioso.

En Borough market

 

Por la tarde fuimos paseando por la orilla del rio Tamesis (river Tames) y nos encontramos con un montón de grupos callejeros tocando música super multicultural, desde música del este, hasta una chica cantando opera debajo de un puente. Paramos en el teatro donde el gran Shakespeare representó sus obras, antes de morir. Hoy en día siguen con un cartel exclusivamente compuesto por funciones de este autor y con una ruta guiada por dentro, una vez mas con precios excesivos.

 

Cogimos el mítico autobús de doble piso que tanto me encanta y a la vez tanto miedito me da, porque con lo pato que soy, bajar del segundo piso en marcha, creedme, es toda una peripecia. En fin, que me desvió del tema. Fuimos al centro a tomar unas pintas de cerveza super rica, porque gastronómicamente dejan un poco que desear, pero en cuanto a cervecita no van nada mal.

 

Y aquí viene el bombazo del día… ¡Cena en uno de los sky-lines mas altos de la ciudad! Para mas señas, en plena City, con toda la gente glamourosa de Londres.

Nos pusimos guapísimas, con nuestras cejas de diseño, yo con un vestido rosa palo y negro, con unas medias negras, taconazos y el pelo secado a lo loco con un poquito de laca para crear un estilo desenfadado y salvaje. Sombra aquí, sombra allá…y cuando me quise dar cuenta estábamos dando nuestros nombres al segurata de la entrada. Cuando nos montamos en el ascensor acristalado no nos esperábamos ese despegue tan alucinante, parecía que íbamos en una lanzadera, hasta se me taponaron los oídos. Claro esta que si tienes que subir cuarenta pisos, no puedes ir a pasito de tortuga.

Dejamos los abrigos en el guardaropa y nos tomamos unos cocktails en la barra, rodeadas de gente vestida con mucho estilazo, mientras hacíamos tiempo para entrar a cenar.

Nos habían reservado una mesa al lado de la cristalera, con lo que mi hermana no topácea pudo disfrutar de las vistas nocturnas de todo Londres.

Pedimos el plato especial de la casa, de hecho el que le da nombre al restaurante, “Duck & Waffle”, o sea, pato y gofre y eso exactamente era lo que tenía el plato. Pero oye, espectacular, el pato estaba hecho justo en su punto, la masa de los gofres también y se acompañaba con una salsa con mostaza y sirope de arce. Dios, aún salibo cuando pienso en ese maravilloso pato… Si no hubiese estado rodeada de gente tan cool, hubiese lamido el plato. En serio, totalmente recomendable que hagáis una visita a este restaurante. De postre pedimos un brownie a medias.

Duck & Waffle

 

Al bajar del restaurante, en el ascensor super sónico de cristal, casi me sale el pato volando por la boca. Dos en uno, cena brutal con caída libre al mas puro estilo Port Aventura.

 

Por cierto, esa cena fue el regalo de mi hermana por mi cumpleaños. Gracias sistercisima, tu si que sabes lo que me gusta.

Y hasta aquí puedo leer, en la siguiente entrada contaré mas, porque los dos días restantes son tan subrealistas que merecen un post para ellos solitos.

 

Gracias por seguir ahí topáceos y topáceas. ¡Os adoro!

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