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Descubriendo Valencia (1ª parte)

Bueno bueno bueno bueno, realmente esta Lady que os escribe se ha hecho de rogar, pero tenéis que perdonarme, topitos y lunares, puesto que mi ausencia está requetejustificada, pero eso es tema para otro post. Hoy vengo muy patriótica y me apetece mucho daros una vuelta por nuestra tierra, Valencia, dice la canción que “es la tierra de las flores, de la luz y del amor”, así que debe ser cierto. ¿Os apetece pasear conmigo? Hoy descubriremos parte del centro, situación, descripción y por supuesto una recomendación para sentarse a llenar la pancita.

Imagen desde las alturas de la plaza del Ayuntamiento de Valencia

El centro es donde podéis encontrar la mayoría de las administraciones públicas, el casco antiguo y edificios culturales por visitar, eso suele pasar en casi todas las ciudades, no os he descubierto nada aún. Veamos la Plaza del Ayuntamiento en primer lugar, conocida y reconocida internacionalmente porque en las populares “Fallas” es donde cada día, del 1 al 19 de Marzo, a las dos de la tarde, hacen explotar tropecientos kilos de pólvora mientras todos los que cabemos en la susodicha plaza y sus alrededores vivimos unos 7 minutos de estruendo, pero no me creeréis si os digo que se vive con cariño y hasta con emoción, no sé si para ello hace falta ser valenciano o bastaría con que os gustase un poco el jaleo, jeje Alrededor de esta plaza está la Estación del Norte, que fue la principal y única estación hasta hace pocos años, la plaza de toros, la plaza de La Reina, y aquí vamos llegando a donde me apetecía traeros, no os impacientéis; La Plaza de la Virgen, preciosa, cultural ¡y peatonal!, se nota que me gusta andar sin coches, ¿no?, bueno, viene muy bien adentrarse en el centro de una ciudad y perder de vista el escandaloso tráfico.

Imagen desde las alturas de la plaza de la Virgen

Veamos, que os quiero poner en situación. La forma de la plaza es irregular, aunque casi casi cuadrada. enseguida escucharéis una fuente, está situada en la mitad norte de la plaza, se llama fuente del Turia, inaugurada en 1976,  está hecha en bronce, rodeada por 8 figuras femeninas desnudas y con tocado de labradoras, en honor al Río Turia. Da una paz y armonía que yo adoro. Al este podemos ver la basílica de los desamparados, preciosísima en Fallas porque los falleros llenan el manto de la Virgen de flores, es espectacular, visual y olfativamente hablando.  Al oeste hay unos jardines y edificios de viviendas, que también hay al norte, ¡que lujo!, y al sur está la Catedral y el Tribunal de las Aguas.

La virgen vestida con las flores de los falleros

¡Madre mía qué paseo!, ¿no os ha entrado hambre?, pues a mí si, además es que quería traeros a un restaurante que tenemos aquí mismito y que me descubrió miss BobToe, ¡que cosas tan ricas descubre esta topita siempre!

Vista de la plaza desde la terraza del Saona

Saona, así se llama. Lleva relativamente poco tiempo abierto, pero tiene una clientela considerable además de fiel, ¡como nosotras! en Valencia ya hay tres Saonas, pero este es nuestro favorito por todo lo que os he contado anteriormente. La terracita está al lado de la Fuente del Turia, se puede ir con niños estupendamente, tienen tronas para los chiquitillos de la casa y al estar en zona peatonal podemos dejar que se expandan un poco al terminar la comida y que a ellos no se les haga tan larga la sobremesa.

Además de servir platos riquísimos que ahora mismo os comento, cuando hemos venido con nuestros perros guía han sido súper atentos ofreciendo agua y demostrando que aparte de conocer la ley que ampara a nuestros bichillos, les gustan mucho.

Tienen menús que varían poco, pero la verdad, ¡no les hace falta! Tienen uno para las comidas y otro para cenas, con un precio muy apañado y más si tenemos en cuenta la situación del local.

A medio día podemos encontrar cosas como ensalada de mozzarella de búfala, ensalada césar con pollo o con langostinos, crema con verdura de la temporada o tabulé, que por si no lo sabéis es ensalada libanesa (con cous cous). Lo hemos probado todo y, de verdad, ¡no sabría que recomendaros!

De segundos platos tenemos cosas taaaan ricas como por ejemplo lasaña de carne y tomate, tartar de salmón, sándwich especial de salmón, vegetal o al estilo California, o Solomillo de pollo con crujiente de ibérico, crema camembert y patatas a lo pobre, este último plato ¡me requetechifla!

Y para cenar… un asalto a nuestro paladar, y no es que se me hayan olvidado los postres, ¡es que lo dejo para el final! ¡Arremangaos que vienen curvas! cosas tan ricas y llamativas como ensalada queso de cabra con jamón ibérico, Pulpo sobre alioli de patatas y pimentón, Tortitas  de Tataki de atún sobre aguacate y mayonesa de wasabi, Burrata de búfala con tomate y aliño de albahaca, o Paté de queso y mermelada de tomate… Y de segundos Secreto ibérico con reducción de Pedro Ximenez y patatas a lo pobre, Pollo teriyaki sobre salsa de sésamo, Taco de atún en tempura con alga nori, lasaña casera de carne o verduras, o hamburguesa de ternera o atún… Como veis hay para todos los gustos y personalidades.

Ya voy, ya voy, ya llego con los postres… Pues básicamente os recomiendo 3 que tanto la Miss como yo los hemos tastado y repetido. La clásica pero riquísima tarta de tres chocolates, el no menos popular queso con arándanos, y el broche de oro, al menos para nosotras… tarta de galleta plátano y dulce de leche… ¡ÑAAAAAM!, por supuesto todas ellas caseras.

Con estas deliciosidades “es imposible probar este sitio y no querer volver al menos una vez al mes hasta haber degustado todos sus platos…”

 

Pues nada topitos, que no podía ser menos el retorno, paseo, cultura y gastronomía, ¿qué os parece?

Prometemos intentar no desaparecer tanto, que sabemos que nos habéis echado de menos, jeje

Mientras tanto, ¡besos y abracitos!

LONDON FOR EVER

Buenas topáceos y topáceas:

 

Esta vez vengo a contaros mi viaje por London, no tan detalladamente como Roma, ni con tanta cosa cultureta, pero oye, es que yo ya había estado por estos lares y este viaje tenia un color distinto. He ido a visitar a mi hermana, no topácea pero igualmente maravillosa, que lleva más de un año viviendo la aventura de su vida..

Bien, pues allá vamos. ¿Preparados para vivir mi experiencia londinense?

 

Sin tener en cuenta las miles de horas de retraso del vuelo, la lucha de lorzas culeras que tuve que batallar contra mi compañera de asiento por ganar espacio vital y lo vacío que estaba el aeropuerto cuando llegue… todo fue estupendo, porque el momento de abrazar a mi hermana en su nueva tierra, no tiene precio.

Por fin conocí su micro apartamento, que a pesar de ser pequeñito, es igual de caqui que la esencia de la hermana no topácea, porque eso si, ella tiene la capacidad de convertir un agujero infernal en una madriguera estilosa y acogedora, tiene ese don… A ver cuando se pasa por mi nuevo pisito y le da un toque cosmopolita londinense.

Lo primero que hicimos al despertar, como es obvio, es desayunar. Probé las gachas de avena, en serio, nada recomendables, serán muy saludables y blablabla pero es lo más insípido que puedes tomar por las mañanas. Después de una duchita nos fuimos a un local de depilación con hilos, regentado por bangladeses. Toda una experiencia, oye. Merecio la pena estar un tiempo sin hacerme las cejas, porque no veais lo chulas que las dejan. Así que ya reguapas y maqueadas, estábamos listas para patear la ciudad.

 

Primera parada, Andén nueve y tres cuartos en la estación King’s cross…Si señores, soy una gran friki de Potter, con lo que mi primera foto tenía que ser ahí.

Hicimos cola rodeada de niños con sus padres, cosa que me hizo sentir un poco ridícula, pero por fin me puse la bufanda de Grifindor, agarré el carrito cargado de baúles y una jaula de lechuza y… ¡Pataaaata!

En el anden 9 y 3 cuartos

 

Nos dimos una vuelta por la tienda de Potter que han montado al lado, estos ingleses no pierden la oportunidad de hacer negocios. Me encantó total y absolutamente todo lo que vi allí, pero sus precios son petrificus-totalus.

 

Fuimos a comer al “Borough market”, un lugar espectacular para los amantes de la comida como yo. El mercadillo esta semi cubierto, lleno de puestecitos de comida gourmet o cuanto menos, original. Vas paseando y te van dejando probar los productos, quesos franceses, cereales caseros ecológicos, chocolates artesanales del mundo, comida etíope… Total, que terminamos sentadas en unas mesitas, comiendo un par de bocatas de una especie de pato laqueado acompañado con un par de vasos de vino especiado. Esta vez si, delicioso.

En Borough market

 

Por la tarde fuimos paseando por la orilla del rio Tamesis (river Tames) y nos encontramos con un montón de grupos callejeros tocando música super multicultural, desde música del este, hasta una chica cantando opera debajo de un puente. Paramos en el teatro donde el gran Shakespeare representó sus obras, antes de morir. Hoy en día siguen con un cartel exclusivamente compuesto por funciones de este autor y con una ruta guiada por dentro, una vez mas con precios excesivos.

 

Cogimos el mítico autobús de doble piso que tanto me encanta y a la vez tanto miedito me da, porque con lo pato que soy, bajar del segundo piso en marcha, creedme, es toda una peripecia. En fin, que me desvió del tema. Fuimos al centro a tomar unas pintas de cerveza super rica, porque gastronómicamente dejan un poco que desear, pero en cuanto a cervecita no van nada mal.

 

Y aquí viene el bombazo del día… ¡Cena en uno de los sky-lines mas altos de la ciudad! Para mas señas, en plena City, con toda la gente glamourosa de Londres.

Nos pusimos guapísimas, con nuestras cejas de diseño, yo con un vestido rosa palo y negro, con unas medias negras, taconazos y el pelo secado a lo loco con un poquito de laca para crear un estilo desenfadado y salvaje. Sombra aquí, sombra allá…y cuando me quise dar cuenta estábamos dando nuestros nombres al segurata de la entrada. Cuando nos montamos en el ascensor acristalado no nos esperábamos ese despegue tan alucinante, parecía que íbamos en una lanzadera, hasta se me taponaron los oídos. Claro esta que si tienes que subir cuarenta pisos, no puedes ir a pasito de tortuga.

Dejamos los abrigos en el guardaropa y nos tomamos unos cocktails en la barra, rodeadas de gente vestida con mucho estilazo, mientras hacíamos tiempo para entrar a cenar.

Nos habían reservado una mesa al lado de la cristalera, con lo que mi hermana no topácea pudo disfrutar de las vistas nocturnas de todo Londres.

Pedimos el plato especial de la casa, de hecho el que le da nombre al restaurante, “Duck & Waffle”, o sea, pato y gofre y eso exactamente era lo que tenía el plato. Pero oye, espectacular, el pato estaba hecho justo en su punto, la masa de los gofres también y se acompañaba con una salsa con mostaza y sirope de arce. Dios, aún salibo cuando pienso en ese maravilloso pato… Si no hubiese estado rodeada de gente tan cool, hubiese lamido el plato. En serio, totalmente recomendable que hagáis una visita a este restaurante. De postre pedimos un brownie a medias.

Duck & Waffle

 

Al bajar del restaurante, en el ascensor super sónico de cristal, casi me sale el pato volando por la boca. Dos en uno, cena brutal con caída libre al mas puro estilo Port Aventura.

 

Por cierto, esa cena fue el regalo de mi hermana por mi cumpleaños. Gracias sistercisima, tu si que sabes lo que me gusta.

Y hasta aquí puedo leer, en la siguiente entrada contaré mas, porque los dos días restantes son tan subrealistas que merecen un post para ellos solitos.

 

Gracias por seguir ahí topáceos y topáceas. ¡Os adoro!

ROMA EN MIS MANOS 2.0

Buenas topáceos y topáceas:

Lo prometido es deuda y aquí viene la segunda parte del viaje romano… Pues bien, después de la maravillosa visita a los “Musei Capitolini”, fuimos dando un paseo hasta “Il Pantheon”, muy bonito, pero estábamos tan cansadas y teníamos tanto frío, que lo único que hicimos fue sentarnos en los bancos que hay en la iglesia, así de perras viejunas estamos hechas. Cuando nuestros pies descansaron lo suficiente, pasamos por la “Piazza Navona”, con su fuente espectacular y su ambiente tan… ¿Romano? Pero lo que más me gustó de este recorrido fue una pequeña tienda, que se ha convertido en algo mítico… La tienda de Pinocho, toda hecha de madera y con un Pinocho tamaño real sentado en la entrada para que todos los turistas hagamos nuestra foto de rigor y no, yo no iba a ser menos. También tienen otro muñeco en la entrada, donde tu apoyas la cara en un hueco que hay en la parte de atrás de la cabeza y… ¡Tachan! Te conviertes en Pinocho, con su nariz gigante incluida, claro.

 

Día 2: Después de un madrugón considerable, un café bien cargado y unas cuantas paradas en metro… Me encontré andando por el “Circo Máximo”, donde nuestros antiguos y sexis romanos hacían sus carreras a caballo. La verdad es que parece un parque más, pero volvemos a lo mismo, cuando te paras a pensar que suelo estás pisando, es increíble que algo tan antiguo siga vivo hoy en día y sobretodo, que nosotros, con todas nuestras tecno chorradas podamos disfrutarlo.

Foto metiendo la mano en La Boca della Verita

Al terminar nuestro paseo máximo, fuimos a la “Bocca della Verita”, otro de mis lugares favoritos de los que visité. Es una escultura de más o menos un metro de diámetro, que aunque parece un león, resulta que representa la cara de un hombre con barba. Tiene los orificios de los ojos y la boca huecos y no se sabe muy bien que uso tenía, pasa de ser una boca justiciera, donde conservabas la mano dependiendo si los guardias que la custodiaban decidían verte como una mentirosa del demonio o una bondadosa cachorrilla, para que luego digan que mentir no lleva a ninguna parte. También se dice que era la boca del infierno y bueno, la versión menos glamurosa es que era una alcantarilla, eso sí, con estilo, porque solo hay que fijarse en las de hoy en día para ver la diferencia, ejem. Lo más gracioso de esta visita es que ahora, nos hacemos una súper foto poniendo caretos mientras el hombre-león se nos come la mano. A mí, como buena topácea VIP que soy, me dejaron tocar todo el cabezón, mientras paraban la cola de turistas para que yo me recrease palpándolo todo.

Nuestra siguiente parada fue el famosísimo barrio “Trastevere”, donde casi muero tirándome de cabeza al río por un tropezón, pero después de esta entrada estelar, fue maravilloso, es lo más italiano que viví. Calles pequeñas y adoquinadas, con restaurantes familiares y originales de terrazas con manteles a cuadros y flores en medio de la mesa. Edificios bajos de ventanas de madera y plazas con músicos urbanos, además de puestos donde vendían joyería artesanal.

Foto del aperitivo (vino, aceitunas, papas y unos montaditos)

Decidimos tomar un aperitivo con vinito blanco y aceitunas, en una terraza con estufas y mantas al puro estilo, mi abuela del pueblo. Nos invitaron a un plato de patatas fritas y tres montaditos por barba, creo que debieron vernos con caras de tiernas famélicas, porque en mi vida me habían regalado tanta comida. ¿Ahora entendéis por qué digo que Italia me sorprendió?

Después de comer en un restaurante, si, seguimos comiendo, el ritmo gastronómico fue brutal, fuimos al jardín botánico, donde tienen una sección adaptada con todos los nombres y explicación de las flores en braille y donde podemos tocar todas las plantas para sacarles el olor, eso sí, sin destrozar ni arrancar nada. Es un sitio muy bonito, la única pena fue que al visitarlo en invierno, no vimos ni una triste flor.

La última visita del día fue al “Status civitatis vaticana”, osea a la ciudad del Vaticano, donde solo nos dimos una vuelta por la plaza de San Pedro, porque me negué a pagar nada….pero me reservaré mi opinión. Muy impresionante y lleno de gente muy peculiar. Estuvimos poco tiempo porque se puso a llover, así que nos fuimos a casa para emperifollarnos para la noche romana… Y aquí termina el viaje, cambié una noche de fiesta italiana por la visita matutina a las “Catacumbas” y no, no me arrepiento porque pienso volver para visitar todo lo que me falta, beber cerveza “Peroni” e hincharme de pasta hasta que mis ojos tengan forma de ravioli a la putanesca.

Foto panorámica de la Plaza del Vaticano

¡Ciao Roma!

 

Y a vosotros Topáceos y Topáceas, os veo en mi próximo viaje… ¡Londres!

Besitos y abrazos de topo.

ROMA EN MIS MANOS 1.0

Buenas queridos topáceos y topáceas:

Mi primera entrada por esta madriguera y vengo fuerte… ¡Vacaciones en Roma!

La verdad es que aún estoy de resaca post vacacional, pero sabía que o me ponía manos a la obra o el viaje se iría difuminando demasiado en mi memoria. Pues bien, ¡Let’s go!

La bella Roma ha resultado ser un gran descubrimiento, después de mi viaje a Florencia no tenía muy buen sabor de boca con respecto a Italia, pero como dice la canción, “sorpresas te da la vida ay, ay, ay”. .

He viajado sola, quiero decir que desde mi casa al aeropuerto de Roma (Ciampino) esta topita solo he tenido la compañía de la música del iPhone, eso sí, en modo avión, no vayamos a liarla.

Una vez allí me esperaba una gran amiga que hace tres años que se convirtió en romana adoptiva. Por cierto, la asistencia en el aeropuerto fue estupenda, sin mucha espera ni sobresaltos de última hora.

Así que después de dos horas de vuelo en Ryanair, sentada al lado de una pareja que no paraba de discutir sobre su futuro… ¡Ahí estaba! Dispuesta a vivir la dolce vita.

Llegué a la hora de cenar, con lo que fuimos directas a un bar siciliano, si, si, siciliano, acababa de llegar a Roma y me iba a cenar comida siciliana, así soy yo, oiga usted. Con un par de cervezas “Peroni y unos arancini, que son una especie de bolas grandes de arroz rellenas de queso y carne o espinacas, nos pusimos a hacer el planing de los próximos días.

 

Día 1: Desayuno en una terraza enfrente del Coliseo, con dos cornetos (cruasanes) y un capuchino, disfrutando del sol y la falta de turistas mañaneros.

Foto del desayuno (Capuccino y cruasán)

Ya habíamos sacado las entradas que incluían el foro romano, el coliseo y el Palatino. No sé si sabréis que la entrada a monumentos y museos en Italia es gratis para personas con
discapacidad y su respectivo acompañante, solo hay que presentar un documento que lo acredite, ya sea el certificado de minusvalía o algo similar.

El Coliseo es brutal, sobre todo si llevas el audio guía que va explicándote con todo lujo de detalles las partes por las que vas caminando. Nosotras pagamos 8 euros por un audio guía doble, la individual cuesta 5 euros, pero desde luego es totalmente recomendable. Al tener una entrada especial, no hay que hacer cola, se accede por la entrada de grupos, con lo que ahorramos un montón de tiempo.
La sensación de estar pisando un monumento que tiene más de 1900 años, que todos hemos visto películas donde aparece, que nos han hecho estudiarlo en clase y que ha sido un punto tan importante para Europa…es indescriptible a la vez que inquietante, porque si nos paramos a pensar en la cantidad de animales y personas que lucharon por sobrevivir en esa arena… En fin, no voy a ponerme en modo drama-queen. Simplemente es un sentimiento especial sentirse parte de algo así.

Panorámica mostrando el Coliseo desde dentro

 

Antes de comer dimos un paseo por el “Foro Romano”, algo espectacular, poder pasear por las calles del antiguo imperio…además, como no hay mucha vigilancia, tenemos vía libre para tocar todo lo que nos dé la gana, eso sí, con cuidadito, que no vea a nadie ahí, pico, pala, pico, pala pretendiendo llevarse un trozo de columna…¿Eh? En esta parte de la visita también estaba la opción del audio guía, pero no vimos necesario cogerlo, claro está que mi amiga no es una topácea, con lo que se facilitan mucho las cosas.Foto del Foro Romano

 

Después de comer una pizza vegetariana al horno de leña, en un restaurante que se llama “Le carrette”, situado entre el Coliseo y la Piazza Venezia, fuimos andando a ver y lanzar las correspondientes monedas a “La Fontana di Trevi”. Realmente estaba a reventar de turistas, como te descuides un poco te sacan un ojo con alguna moneda voladora, pero si eres una entusiasta de la vida y una amante de las chorradas como yo, tienes que tirar dos monedas, una para asegurarte de que volverás a Roma y otra para encontrar el amor verdadero.

 

Nuestra siguiente parada fue, para mi gusto, la más especial de todas. Mi amado “Musei Capitolini”, son tres palacios que se levantan en una misma plaza, donde podemos visitar todas sus galerías repletas de esculturas, cuadros e historia en estado puro, pero no, esa no es toda la gracia ni el encanto… La cosa es que se puede solicitar una guía accesible y táctil por el museo, donde se incluye una persona que va explicándonos todo a través de maquetas y… Aquí viene lo gordo… ¡Podemos tocar todas las esculturas originales! Si, si, si, como lo estáis leyendo, podemos palpar, reconocer y sobetear todas las esculturas originales mientras la persona correspondiente nos cuenta su historia, leyenda y simbolismo. Nuestro guía se llamaba Miele, un chico majísimo, que además de ser un experto en historia del arte, era gracioso a rabiar. Para poder disfrutar de esta visita, solo hay que ponerse en contacto con el museo vía email y solicitar una ruta táctil, que por cierto es totalmente gratuita para nosotros. ¿Qué, como se os queda el ojo? A mi loco… Fue la mejor visita a un museo que he hecho en mi vida. Lo disfruté y viví como una enana…todo tipo de esculturas de antes y después de Cristo al alcance de nuestras manos. La Venus, Hércules, Medusa, Tritón, la estatua original de la loba con Rómulo y Remo… ¡Para relamerse los bigotillos culturetas

Foto de la loba con Romulo y Remo debajo

 

Y hasta aquí puedo leer…Este viaje ha sido muy intenso y no quiero dejarme ningún detalle en el tintero, así que… ¡Continuará!

Los topos viajeros seguiremos descubriendo y colonizando nuevos territorios. Besitos y abrazos topáceos para todos.

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