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Buenas topáceos y topáceas:

Lo prometido es deuda y aquí viene la segunda parte del viaje romano… Pues bien, después de la maravillosa visita a los “Musei Capitolini”, fuimos dando un paseo hasta “Il Pantheon”, muy bonito, pero estábamos tan cansadas y teníamos tanto frío, que lo único que hicimos fue sentarnos en los bancos que hay en la iglesia, así de perras viejunas estamos hechas. Cuando nuestros pies descansaron lo suficiente, pasamos por la “Piazza Navona”, con su fuente espectacular y su ambiente tan… ¿Romano? Pero lo que más me gustó de este recorrido fue una pequeña tienda, que se ha convertido en algo mítico… La tienda de Pinocho, toda hecha de madera y con un Pinocho tamaño real sentado en la entrada para que todos los turistas hagamos nuestra foto de rigor y no, yo no iba a ser menos. También tienen otro muñeco en la entrada, donde tu apoyas la cara en un hueco que hay en la parte de atrás de la cabeza y… ¡Tachan! Te conviertes en Pinocho, con su nariz gigante incluida, claro.

 

Día 2: Después de un madrugón considerable, un café bien cargado y unas cuantas paradas en metro… Me encontré andando por el “Circo Máximo”, donde nuestros antiguos y sexis romanos hacían sus carreras a caballo. La verdad es que parece un parque más, pero volvemos a lo mismo, cuando te paras a pensar que suelo estás pisando, es increíble que algo tan antiguo siga vivo hoy en día y sobretodo, que nosotros, con todas nuestras tecno chorradas podamos disfrutarlo.

Foto metiendo la mano en La Boca della Verita

Al terminar nuestro paseo máximo, fuimos a la “Bocca della Verita”, otro de mis lugares favoritos de los que visité. Es una escultura de más o menos un metro de diámetro, que aunque parece un león, resulta que representa la cara de un hombre con barba. Tiene los orificios de los ojos y la boca huecos y no se sabe muy bien que uso tenía, pasa de ser una boca justiciera, donde conservabas la mano dependiendo si los guardias que la custodiaban decidían verte como una mentirosa del demonio o una bondadosa cachorrilla, para que luego digan que mentir no lleva a ninguna parte. También se dice que era la boca del infierno y bueno, la versión menos glamurosa es que era una alcantarilla, eso sí, con estilo, porque solo hay que fijarse en las de hoy en día para ver la diferencia, ejem. Lo más gracioso de esta visita es que ahora, nos hacemos una súper foto poniendo caretos mientras el hombre-león se nos come la mano. A mí, como buena topácea VIP que soy, me dejaron tocar todo el cabezón, mientras paraban la cola de turistas para que yo me recrease palpándolo todo.

Nuestra siguiente parada fue el famosísimo barrio “Trastevere”, donde casi muero tirándome de cabeza al río por un tropezón, pero después de esta entrada estelar, fue maravilloso, es lo más italiano que viví. Calles pequeñas y adoquinadas, con restaurantes familiares y originales de terrazas con manteles a cuadros y flores en medio de la mesa. Edificios bajos de ventanas de madera y plazas con músicos urbanos, además de puestos donde vendían joyería artesanal.

Foto del aperitivo (vino, aceitunas, papas y unos montaditos)

Decidimos tomar un aperitivo con vinito blanco y aceitunas, en una terraza con estufas y mantas al puro estilo, mi abuela del pueblo. Nos invitaron a un plato de patatas fritas y tres montaditos por barba, creo que debieron vernos con caras de tiernas famélicas, porque en mi vida me habían regalado tanta comida. ¿Ahora entendéis por qué digo que Italia me sorprendió?

Después de comer en un restaurante, si, seguimos comiendo, el ritmo gastronómico fue brutal, fuimos al jardín botánico, donde tienen una sección adaptada con todos los nombres y explicación de las flores en braille y donde podemos tocar todas las plantas para sacarles el olor, eso sí, sin destrozar ni arrancar nada. Es un sitio muy bonito, la única pena fue que al visitarlo en invierno, no vimos ni una triste flor.

La última visita del día fue al “Status civitatis vaticana”, osea a la ciudad del Vaticano, donde solo nos dimos una vuelta por la plaza de San Pedro, porque me negué a pagar nada….pero me reservaré mi opinión. Muy impresionante y lleno de gente muy peculiar. Estuvimos poco tiempo porque se puso a llover, así que nos fuimos a casa para emperifollarnos para la noche romana… Y aquí termina el viaje, cambié una noche de fiesta italiana por la visita matutina a las “Catacumbas” y no, no me arrepiento porque pienso volver para visitar todo lo que me falta, beber cerveza “Peroni” e hincharme de pasta hasta que mis ojos tengan forma de ravioli a la putanesca.

Foto panorámica de la Plaza del Vaticano

¡Ciao Roma!

 

Y a vosotros Topáceos y Topáceas, os veo en mi próximo viaje… ¡Londres!

Besitos y abrazos de topo.

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